UGT exige al nuevo Gobierno Regional que facilite la acogida de las personas refugiadas y migrantes

Desde UGT Madrid, un año más, con motivo de la celebración el 20 de junio del Día Internacional de las Personas Refugiadas, nos reafirmamos en nuestro compromiso de defensa de los derechos de las personas refugiadas y migrantes.

En este preciso instante, millones de personas huyendo de la guerra, la persecución, la tortura y las amenazas, permanecen en tránsito, perpetuándose su situación de extrema vulnerabilidad.

Este último año, con el cierre de fronteras debido a la pandemia del COVID-19., se han multiplicado las dificultades para arribar a un destino seguro, quedando una legión de familias perdidas en tierra de nadie, entre la imposibilidad de volver al lugar de donde el terror les expulsó y las puertas cerradas de los países de derecho donde reside su última esperanza vital de protección.

Solo algunas cifras para situarnos en la dimensión real de este drama que, lejos de mejorar, arrecia y se enquista como un problema global, dentro de la global situación de grave desigualdad entre distintos territorios y regímenes:

  • Hay alrededor de 70 millones de personas desplazadas, necesitadas de que un país de derecho les brinde protección internacional.
  • El 40% de estas personas desplazadas son niños y niñas.
  • Al menos 9.100 personas han perdido la vida intentando llegar a España desde que se documentó el primer naufragio en rutas migratorias en noviembre de 1988, según los datos de los que dispone la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).
  • Pese a la reducción de la movilidad en 2020 por el cierre de fronteras por la pandemia, sabemos de, al menos 1.190 muertes y desapariciones de personas intentando llegar a España.
  • 850 murieron intentando arribar a canarias, un dramático aumento frente a las 210 que perecieron en 2019.
  • En los últimos siete años al menos 33 personas han muerto al intentar saltar las vallas de Ceuta y Melilla, asfixiados al viajar como polizones o atropellados por camiones en cuyos bajos se escondían para llegar a la península.

Pero detrás de cada frio número se esconde una historia de sufrimiento y miedo.

Las razones para abandonar todo lo que para un ser humano supone raíces y memoria, a familias y amistades, para embarcarse en un viaje solo de ida con incierto final, muchas veces fatal, son muchas y siempre tan potentes y rotundas como la simple lucha por la supervivencia.

Perseguidas y perseguidos en la propia tierra, por motivos de raza, religión, nacionalidad u opiniones políticas. El riesgo cierto de encarcelamiento, torturas y muerte por pertenecer a un determinado grupo social, proscrito por quienes ostentan el poder, empuja a la carretera,  al mar de la huida, como último recurso para salvar la propia vida y la de los suyos a millones de personas cada año.

En más de70 países del mundo resulta ilegal pertenecer al colectivo LGTBI. Por su orientación sexual, simplemente por “ser”,  parte de la población mundial se encuentra abocada a escoger entre el desarraigo de la huida y la represión e incluso la muerte en su país natal.

Pero no solo las personas solicitantes de protección internacional, víctimas de la guerra, la violencia e inseguridad en sus países de origen, tienen  la necesidad imperiosa de desplazarse a otros lugares en busca de unas condiciones de vida mínimamente dignas. Multitud de personas en muchas partes del mundo protagonizan intensos relatos vitales que justifican la huida.

El hambre, la desertificación,  las sequías prolongadas y otras consecuencias como el cambio climático son solo algunas de las causas aún no reconocidas para acceder a la necesaria protección fuera de los territorios que, de una forma u otra expulsan a sus habitantes. 

Términos como  refugio, asilo, protección internacional y migración se entremezclan y confunden en muchos casos bajo un mismo marco de necesidad de mejora, de búsqueda de un lugar donde prosperar y un futuro que construir.

El objetivo común de una comunidad internacional comprometida debería ser perseguir el fin de todas aquellas prácticas y situaciones que contribuyan y propicien la huida de las personas de sus países de origen, incidiendo política y económicamente en su solución. En tanto, es imprescindible asegurar que los sistemas reactivos establecidos para garantizar la protección internacional de las personas funcionan al menos como bálsamo de estas lacras que desplazan poblaciones enteras a través de las fronteras.

Un mundo que se considere civilizado y mínimamente decente, no puede permitirse cerrar sus puertas a quienes luchan por su vida, de ser así poco se diferenciará quien abandona de quien persigue. La falta de solidaridad supone una segunda condena a quien huye.     

Y mientras tanto, a día de hoy, situaciones como la vivida en la Ciudad Autónoma de Ceuta con la entrada de más de 8000 personas procedentes de Marruecos, 2000 de ellas menores, propiciada por la pasividad del gobierno magrebí, ilustran una clara estrategia de utilización política del sufrimiento  de estos seres humanos.

 UGT Madrid  exige el respeto debido a las personas migrantes, y el cese inmediato en su instrumentalización para presionar a España y a la Unión Europea para la consecución de objetivos que nada tienen que ver con la desesperada realidad social que les lleva a jugarse la vida ante la oportunidad de desplazarse a otros países en los que desarrollar sus vidas en unas condiciones dignas.

Pero es aquí, imbricado en el entramado político, social e informativo de nuestras comunidades, donde los mensajes de exclusión y xenofobia, tanto explícita (con origen, color e incluso cara de las personas utilizadas para identificar la supuesta amenaza extranjera que nos acecha)  como implícita en el continuado discurso de odio a cualquiera que sea, piense o parezca diferente, donde se produce el daño más profundo. Es a través de la canalización de la frustración y la impotencia individual, la forma en que los partidos  y grupos de extrema derecha y los que los blanquean y justifican activa y pasivamente, pretenden abrir brecha en nuestro tejido ciudadano. Pescar en rio revuelto, cuando se trata de votos, pareces ser tendencia.

UGT Madrid, junto con el resto de organizaciones sociales y sindicales defensoras de los Derechos Humanos que forman parte del espacio colaborativo REFUGIO POR DERECHO MADRID, hemos hecho entrega de un manifiesto dirigido a la nueva Presidencia de la Asamblea de Madrid, con motivo del Día Mundial de las Personas Refugiadas, apelando a la voluntad política y a la responsabilidad del Gobierno de la Comunidad de Madrid y sus administraciones competentes para darle la vuelta a esta crisis del Estado de Derecho que supone la dramática situación migratoria vivida en los últimos tiempos.

Desde UGT Madrid, exigimos al nuevo Gobierno y a la administración de la Comunidad de Madrid que, dentro de sus competencias:

  • Realicen los esfuerzos necesarios para facilitar la acogida de las personas refugiadas y migrantes que llegan a Madrid.
  • Reclamen de las Administraciones Estatales y Europeas una respuesta humanitaria a las emergencias migratorias que se suceden.
  • Elaboren políticas y procedimientos en clave de derechos humanos,  que faciliten y simplifiquen el acceso de las personas refugiadas y migrantes a los servicios básicos, como sanidad, educación, vivienda y protección social.
  • Aseguren la imprescindible protección jurídica y la inclusión de los niños y niñas migrantes sin referente familiar dependientes de la Comunidad de Madrid.
  • Realicen un esfuerzo urgente para rebajar la alarma social frente a la emigración, abandonando la equidistancia con quienes generan odio criminalizando a las personas foráneas. Solo así se podrán atajar el racismo y la xenofobia que, como un cáncer, amenazan con retrotraer nuestra sociedad, acogedora y humanitaria de por sí, a otros tiempos, a otros regímenes, más oscuros y expulsivos, que creíamos superados hace mucho.

Es responsabilidad compartida de toda la ciudadanía, y UGT Madrid asume su parte, reclamar que las instituciones que nos representan respondan a este reto humanitario de manera adecuada. La capacidad de acoger y proteger a las personas que huyen de la violencia y la persecución nos da una idea aproximada de la talla democrática, de la calidad del estado de derecho y de la dignidad de nuestra sociedad. En nuestras manos está hacer lo que esté a nuestro alcance para participar en el tejido de la necesaria red de solidaridad que equilibre la maraña de desigualdades que ensombrece el escenario internacional. No cabe mirar a otro lado.