Desarrollo sostenible para una sociedad más justa

Durante tres días, en este mes de julio, en el marco de los Cursos de Verano de la Universidad Complutense de Madrid de El Escorial, hemos organizado desde UGT un curso que nos ha permitido profundizar sobre los Objetivos del Desarrollo Sostenible.

En este curso, “Los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ODS: Herramientas para una sociedad más justa” hemos debatido sobre la situación del planeta y las personas contando con las inestimables aportaciones de personalidades vinculadas a la ciencia y el medioambiente, a la política y al sindicalismo, que nos han acompañado y a los que quiero dar las gracias por sus valiosas aportaciones.

Hemos puesto sobre la mesa principios básicos encaminados a poner fin a la pobreza, proteger el planeta y conseguir la prosperidad de las personas y, en términos de oportunidad, la canalización de los fondos europeos para conseguir una transformación profunda que se hace necesaria y urgente.

Objetivos que son el entorno natural de la acción de los sindicatos de clase, en especial de UGT, y conscientes de que las organizaciones sindicales representativas somos y vamos a ser protagonistas de primer orden de estos cambios que se avecinan.

Objetivos que suponen un cambio de modelo que traerá una transformación de los puestos de trabajo y donde el papel del sindicalismo va a ser, el de proponer y también velar para que se produzca una transición ecológica y económica justa, que garantice el empleo de calidad, digno y seguro (lo que se denomina trabajo decente), la protección social para los colectivos más vulnerables y el respeto a los derechos humanos y laborales.

El futuro inmediato va a exigir adecuar los perfiles profesionales de los trabajadores a las nuevas demandas de las empresas. Pero, además, va a necesitar la implicación de las administraciones públicas y una mayor y mejor valoración y consideración del personal por parte de las empresas.

La era digital está todavía en su infancia, pero ya empezamos a vislumbrar su gran impacto. Las TIC ya están difuminando las fronteras entre el trabajo y la vida personal, hasta el punto de que, en una encuesta reciente, se revelaba que 8 de cada 10 trabajadores españoles encuestados mezclan su vida personal y profesional (con un 85% atendiendo tareas de trabajo en su tiempo libre, y un 80% realizando tareas personales en su jornada laboral). Esto no ha hecho más que incrementarse al máximo con las medidas adoptadas por la pandemia de Covid-19.

El avance tecnológico, al tiempo que vuelve obsoletas viejas profesiones, está dando lugar a nuevos tipos de empleos, y modifica sustancialmente otros, de manera que, muchos escolares de hoy en día, cuando sean mayores, estarán empleados en empleos que todavía no existen.

Debemos abordar el concepto de la flexibilidad, no solo desde la perspectiva de las necesidades de las empresas, sino también teniendo en cuenta la mayor demanda que tiene la persona trabajadora por el control de su propio tiempo.

Debemos tener una legislación más detallada y renovada de los derechos del personal de la era digital que asegure que todas las personas puedan tener un trabajo seguro y decente, con un salario justo, en la que todas las nuevas formas de empleo se integren en nuestro sistema de la Seguridad Social.

Por otra parte, hay que facilitar una mayor formación a las y los trabajadores, especialmente en las habilidades de telecomunicación y tecnologías de la información y comunicación. La modificación y actualización ágil y continua de los planes de estudios.

Los estudios técnicos del futuro deberán adaptarse a las nuevas necesidades. Se deberá potenciar la “hibridación” disciplinar, para que los profesionales tengan conocimientos sobre otras áreas y no únicamente de su campo de estudio. Introducir la formación en habilidades sociales y personales (soft skills). Impulsar la participación de mujeres en las profesiones STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas).

Implementar planes de formación en nuevas tecnologías para colectivos vulnerables y personas en situación de desempleo y pensionistas. Muchas personas no son capaces que gestionar su teléfono móvil de forma eficaz.

Debemos apostar con claridad por la economía circular. La superación de la crisis pasa por la reindustrialización. Pero para que esa opción sea viable debe basarse en la economía circular.

Todos los estudios coinciden en que el desarrollo de la economía circular exige, en primer lugar, el impulso político de todas las administraciones públicas. Se precisan, también, sistemas de apoyo a las energías renovables, incentivando el reciclaje de materiales y un uso proactivo de la contratación pública sostenible.

Las acciones para acabar con la desigualdad y conseguir los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 dependen de cada uno de nosotros y nosotras, de la sociedad civil y también, muy especialmente, depende de las políticas de los Gobiernos.

En la lucha contra el cambio climático, resulta imprescindible un cambio de los parámetros sociales y culturales para un cambio de modelo económico más sostenible. Se requiere, además, una apuesta política firme que implique a la administración, los reguladores, las empresas, los sindicatos y la ciudadanía.

Nos encontramos en la Comunidad Autónoma más rica de España. Pero cuando los ciudadanos vayan a buscar empleo. ¿qué salario les van a ofrecer? ¿qué tipo de contrato? ¿qué condiciones laborales?

En Madrid, el paro de larga duración ha subido un 60% (más de 1 año continuado en paro), el paro femenino es el 58% de todo el desempleo. 420.000 personas no encuentran empleo y teniendo el mejor PIB de España, todavía hay 2.750 personas más en paro que el año pasado por estas fechas.

Siendo la segunda comunidad autónoma con el salario anual medio más elevado (27.010 euros anuales en 2019), Madrid es la región de España con mayor desigualdad en los sueldos de su ciudadanía. Los más jóvenes no ingresan de media ni la mitad de lo que cobran los más mayores y un 18% de las mujeres tiene ingresos salariales menores o iguales que el SMI.

Según la encuesta de condiciones de vida del INE, la tasa de riesgo de pobreza en la Comunidad de Madrid, antes de la pandemia, era del 15%. Madrid, además presentaba una de las tasas más altas de pobreza severa. De las personas en riesgo de pobreza y exclusión, casi el 30% estaban en situación de desempleo.

Pero lo más llamativo es que el 34,6% de las personas en riesgo de pobreza y exclusión estaban trabajando. Según la red europea de lucha contra la pobreza, más de 300.000 madrileños (131.000 familias) sobreviven con menos de 332 euros al mes.

Una realidad, más allá del buenismo propagandístico de las cañas y la libertad, que nos obliga a actuar para lograr un mundo mejor, un país, una Comunidad Autónoma en la que podamos vivir en condiciones de mayor igualdad y bienestar de todos y todas.