Acción contra la pornografía

Madrid, 3 de marzo de 2021

Excelentísimo Sr. ministro de Consumo:

El Movimiento Feminista de Madrid, conformado por más de 350 organizaciones de mujeres, en atención a las competencias que tiene atribuidas y a declaraciones suyas en las que aludía a la importancia del feminismo como estandarte de los derechos humanos, por medio de la presente le expresamos la urgencia de hacer defensa de estos mediante el control y el cierre de las páginas web que albergan contenido pornográfico.

La pornografía, cuyo origen etimológico nos remite a la prostitución escrita y su evolución histórica, a la prostitución grabada, instituye una escuela pública de desigualdad entre los sexos, en la que cualquiera, desde su infancia, puede instruise en la cultura de la violación que promueve, y configura, por tanto, un imaginario colectivo en el que las mujeres son representadas como objetos sexuales, sobre los que cabe realizar todo tipo de vejaciones,  y en el que los hombres son presentados como sujetos titulares del derecho a violentar a las mujeres.

En este sentido, el contenido pornográfico, que consumen millones de personas jóvenes y adultas en el mundo, posee un profundo carácter político y la capacidad de crear imaginarios que coadyuvan a la normalización de la representación de las mujeres como servidoras sexuales. Esta capacidad de la pornografía para naturalizar la jerarquía sexual, que ha sometido históricamente a las mujeres, se encuentra debidamente evidenciada. En esta línea, los estudios han demostrado que el consumo de porno contribuye a la conformación de actitudes dañinas hacia las mujeres, además de crear percepciones distorsionadas sobre la sexualidad. En el año 2015, tras la revisión de 22 estudios realizados en 7 países diferentes, se concluyó que, en promedio, las personas que consumían porno frecuentemente tenían más probabilidades de mostrar actitudes de apoyo a la agresión sexual e incluso de participar en estos actos. Los consumidores de pornografía también suelen mostrar menos compasión hacía víctimas de agresión o explotación sexual, y suelen promover la violencia contra las mujeres.

Conviene recordar que el porno utiliza a mujeres reales, que son penetradas, escupidas o agredidas y que, además, parecen mostrar una absoluta complacencia frente a la violencia que reciben de los hombres, y que la violación, grabada o no, no es ficción. Lejos de ello, el contenido que integra la pornografía supone una violación de la dignidad humana y, en consecuencia, de los derechos humanos de las mujeres. Aspecto que ha sido manifestado por el Parlamento Europeo en su resolución de 21 de enero de 2021, sobre la estrategia de la Unión para la igualdad de género. Declaración a la que se añade la del artículo 5 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en cuya virtud “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”. Sin embargo, estas proclamaciones son despreciadas mediante la producción y reproducción de violencia contra las mujeres a través de la pornografía, revestida de ficción filmada, incluso en los títulos de sus vídeos, que incitan a la misoginia, a la pedofilia y al racismo en multitud de ocasiones.

La infancia y la adolescencia conforman las franjas de edad más vulnerables frente al consumo de este contenido, dado que están en un momento decisivo para la configuración de conductas, preferencias, autoconocimiento y aprendizaje sobre cómo relacionarse con el mundo. En un estudio realizado a jóvenes de Estados Unidos, de entre 16 y 18 años, la mayoría de participantes afirmó que aprendía sobre sexo viendo porno. Además, muchas de las jóvenes admitían sentirse presionadas a realizar prácticas que sus parejas habían visionado en el porno aunque les resultaran incómodas o dolorosas. Por otro lado, en un reciente estudio realizado por Save the Children el 53,8% de los estudiantes encuestados afirmó haber consumido pornografía por primera vez entre los 6 y los 12 años. Esta misma investigación constató que el 98,5% de los adolescentes encuestados consume pornografía gratuita, que suele ser la más machista, y que el 54,1% usaba la pornografía como inspiración para sus propias prácticas sexuales. El 47,4% de quienes veían pornografía más a menudo habían realizado algunas de estas prácticas, en ocasiones, sin el previo consentimiento de sus parejas.

Como consecuencia de la exposición temprana a este contenido, en el año 2019, el número de menores condenados por la comisión de delitos sexuales aumentó en un 28,8%, y tanto la fiscalía como los expertos alertaban de que el consumo de pornografía en los jóvenes alienta la violencia sexual. Por ello, impedir el acceso a estos contenidos a través de un mecanismo de bloqueo es indispensable para evitar que las y los menores se eduquen en un modelo de relación afectivo-sexual basado en la violencia, la falta de consentimiento mutuo y para proteger su propia integridad física y moral en un momento crucial de su desarrollo.

En fin, considerado el potencial socializador del porno, su nociva influencia en la conformación de conductas y, en definitiva, su contribución a la perpetuación de la jerarquía sexual, desde el Movimiento Feminista de Madrid, le instamos al cierre inmediato de la páginas pornográficas y a la retirada de su publicidad, y nos ponemos a su entera disposición con el fin de tratar los problemas aquí referenciados en audiencia personal.

Movimiento Feminista de Madrid