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UGT denuncia la doble discriminación que sufren las mujeres trabajadoras jóvenes

UGT denuncia la doble discriminación que sufren las mujeres trabajadoras jóvenes

UGT Madrid | lunes, 6 de marzo de 2017

UGT denuncia que en no pocas ocasiones se confunden juventud con explotación laboral y falta de derechos. Hoy el mercado laboral ofrece a los jóvenes contratos basura, de corta duración y con menos derechos. Su realidad laboral –la de aquellos que al menos logran un empleo– se define, por la precariedad de sus condiciones laborales.

Además, los jóvenes cada vez tienen más difícil estudiar ante el incremento de las matrículas universitarias y muy pocos de ellos pueden emanciparse (ocho de cada diez menores de 30 años viven todavía en casa de sus padres). Todo ello está provocando que muchos de ellos se vean abocados a buscar trabajo fuera de España.

UGT-Madrid es consciente de que, de no revertir esta situación, las mujeres, hoy jóvenes, están condenadas a sufrir unos niveles de precariedad laboral que van a condicionar, no sólo el momento actual de dificultad del acceso y permanencia en el mercado laboral, sino también su futuro a medio y largo plazo.

La precariedad laboral impide el acceso a una vivienda, retrasa la edad de tener hijos, perpetúa la brecha salarial y condiciona las pensiones. La mayoría de estas jóvenes, empleadas en sectores afectados por la temporalidad, la parcialidad y los bajos salarios, de continuar así, no van a tener cotizaciones suficientes para tener una pensión digna.

Es urgente reflexionar sobre las políticas de empleo existentes y cómo están afectando al colectivo menor de 30 años.
Las mujeres tienen más dificultad en el acceso al mercado laboral, la permanencia y la promoción. Sufren más el desempleo, la temporalidad y la parcialidad. Están sobre-representadas en determinados sectores (curiosamente los peor remunerados) e infra-representadas en los puestos de mayor responsabilidad.

A las dificultades que sufren las mujeres -en general- en el mercado laboral, se unen las que sufren los jóvenes, es decir, todavía una mayor precariedad.

1. Alta tasa de desempleo.
Los últimos datos de paro registrado, correspondiente al mes de febrero, confirman que “el paro tiene rostro de mujer”.
El aumento del paro ha recaído sobre el colectivo de mujeres, agrandando, aun más la brecha de género en nuestro mercado laboral. El mes de febrero ha finalizado con un incremento del paro femenino (respecto al mes anterior), de más de 20.000 mujeres.

Esto no quiere decir que las mujeres jóvenes tengan un nivel de empleo superior al de los hombres de su misma edad. La explicación, por el contrario, se debe a que existe un mayor número de ellas que continúa cursando estudios, por lo que no se contabilizan ni como desempleadas ni siquiera como población activa.

La tasa de ocupación femenina es menor que la masculina, no sólo en el caso de las mayores de 25 años (fundamentalmente por problemas de conciliación), sino también entre las de 16 a 19 años y de 20 a 24 años (al ser estudiantes se considera población inactiva).

Si comparamos la tasa de paro juvenil de España con la de la UE-28 podemos observar la diferencia abismal que existe. La tasa media de paro de las mujeres menores de 25 años de los 28 países que conforman la Unión Europea es del 19,5%. En España esa tasa asciende al 48%. Es decir, superamos la media europea en 28,5 puntos.

En el caso de la tasa de paro de los hombres menores de 25 años también existe una gran diferencia con respecto a la media europea (más de 27 puntos).

Prácticamente, la mitad de los jóvenes españoles, tanto hombres como mujeres, están en situación de desempleo. Es decir, el factor edad es determinante en nuestro país para acceder al mercado laboral.

2. Elevada contratación a Tiempo Parcial involuntaria.
En España, el 70% de las mujeres de entre 25 y 29 años que trabaja a tiempo parcial lo hacen porque no encuentran un empleo a tiempo completo.

Mientras que, prácticamente la mitad de las jóvenes de entre 16 a 19 años argumentan trabajar a tiempo parcial por “seguir cursos de enseñanza o formación”, este porcentaje desciende a medida que cumplen años. Así, tan sólo el 30% de las jóvenes de entre 20 y 24 años alude esa razón y el porcentaje desciende aun más, a poco más del 8% en el grupo de edad de entre 25 a 29 años.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte en un informe de que alrededor de un 60% de los empleados a tiempo parcial en España tiene este trabajo de forma involuntaria. La OIT indica que la mayoría de jóvenes acepta trabajos a tiempo parcial y temporales ante la falta de oportunidades de empleo permanente.

3. Altísima temporalidad.
La contratación temporal es un mal endémico en nuestro país. Afecta a todos los sectores, a todos los niveles formativos, a todas las edades y a los dos sexos.

Sin embargo, el nivel alcanzado entre los más jóvenes es especialmente preocupante.

En la Comunidad de Madrid, el 88,5% de los contratos que firmaron las mujeres menores de 25 años durante el pasado mes de enero fueron de carácter temporal. En el caso de los hombres de esa misma edad el porcentaje fue del 86,7%. Prácticamente, uno de cuatro contratos temporales que se firma en la Comunidad de Madrid tiene una duración inferior a 7 días.

4. Sobrecualificación
Aún cuando la presencia de mujeres en el sistema educativo es mayor que la de los hombres, son más las que acceden a estudios superiores y los finalizan con mejores resultados, ello no facilita su entrada en el mercado de trabajo.

La sobrecualificación sigue siendo “cosa de mujeres”: el 61,8% de ellas se encuentran en puestos de trabajo que requieren una menor cualificación. Aunque las tasas más altas de paro corresponden a los niveles formativos más bajos, hay que insistir en que, en España, tener estudios superiores no te protege del desempleo.

Mientras que en Europa, la tasa media de desempleo en los niveles de educación superior se sitúa en un 6% en el caso de las mujeres y un 5% en el caso de los hombres, en nuestro país alcanza un 15% y un 11% respectivamente.

Es importante resaltar que las mujeres, a pesar de presentar niveles formativos superiores al de los hombres, esto no se traduce en mejores condiciones laborales.

5. Carreras feminizadas
Los estereotipos de género siguen marcando la libre elección del alumnado.

Las universidades españolas, cuentan con 115,6 mujeres por cada cien hombres en sus aulas, sin embargo, el acceso a los estudios superiores  sigue estando marcado por los estereotipos de género, es decir, aún existen carreras feminizadas y carreras masculinizadas.

Las ramas más feminizadas son las que tienen que ver con el cuidado (ya sea menores, enfermos, dependientes…), mientras que las masculinizadas corresponden a estudios de fuerza, mecánica o habilidad mental, especialmente con los números.

La elección de una carrera tiene una repercusión posterior, ya que, mayoritariamente, las carreras feminizadas tienen una menor empleabilidad y unos salarios más bajos.

Las mujeres continúan sobre-representadas en profesiones “tradicionalmente femeninas” (concentración en el sector servicios, especialmente relacionadas con los cuidados) y están infra-representadas en determinadas ocupaciones, como pueden ser las ingenierías o en actividades relacionadas con la industria, que, mayoritariamente suelen tener buenas condiciones laborales.

6. Los estereotipos de género en la Formación Profesional.
Si los estereotipos de género están presentes en las carreras universitarias, todavía lo están más en la Formación Profesional.

Las mujeres mayoritariamente eligen Administración y gestión,  Imagen Personal (técnico en peluquería y cosmético capilar, y técnico en estética y belleza) y Servicios socioculturales y a la comunidad (técnico en atención a personas en situación de dependencia).

Los hombres, se matriculan en Informática y comunicaciones, Electricidad y electrónica y Transporte y mantenimiento de vehículos.

Igual que ocurre en las carreras universitarias, las titulaciones en los ciclos de Formación Profesional con mayor presencia de hombres, es decir, aquellas tradicionalmente más masculinizadas, son las que presentan mayores índices de empleabilidad, mejores salarios y, en definitiva una menor precariedad laboral.

Los estereotipos por razón de género dificultan la consecución de la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres siendo, su repercusión más inmediata, la segregación profesional del mercado de trabajo.

Pero también tiene una repercusión directa en aspectos como la violencia de género. Los estereotipos de género sientan las bases para el desequilibrio de poder que se plantea en la relación de pareja. Educar en igualdad es una forma de prevenir la violencia de género.

Desde UGT consideramos necesario el que se refuercen las políticas activas de empleo, para los y las jóvenes, incrementando los recursos y reorientando los actuales mediante la supresión de la mayoría de las bonificaciones y reducciones a la contratación y de otros programas carentes de eficacia. Fondos que podrían dedicarse a mejorar la empleabilidad a través de la orientación y la formación para obtener un empleo de calidad

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